sábado, 12 de junio de 2010

Pérdida




Sin pensar en nadie en especial ...














Cuánto tiempo perdí pensándote
Cuántos suspiros amándote
Cuánto esperma anhelándote
Cuántas palabras nombrándote
Cuánta energía gritándote
Cuánta ternura acariciándote
Cuánta inmensidad soñándote
Cuánto espacio olvidándote
Cuánta rabia criticándote
Cuánta sensibilidad mirándote
Cuánta angustia esperándote
Cuánto espacio desaprovechado huyéndote

¿O acaso invertí todo ese tiempo: Pensándote, amándote, anhelándote, nombrándote, gritándote, acariciándote, soñándote, olvidándote, criticándote, mirándote, esperándote y huyéndote?

Sólo pienso que con el tiempo se acaban amando tus suspiros, que mi esperma anhela mezclarse en tus palabras, que salen de mi al nombrarte y te gritan con energía, acariciando con ternura tu inmensidad, soñando un espacio apenas olvidado donde te critico rabiosamente, donde te miro sensiblemente mientras la angustia de esperarte me hace huir desesperadamente a ese infinito espacio que aún estoy a tiempo de pensar.

domingo, 6 de junio de 2010

De merino a merino


¡La vida! Pasa inexorablemente, segundo a segundo. Sin apenas darte cuenta te han abandonado muchas cosas y te acompañan otras nuevas. Algunas son buenas compañeras, además de deseadas, otras impuestas. Todas ellas forman parte de tu equipaje. Todas te acompañan en tu camino. Camino que ahora recorres sólo. Pero sientes un vacío y ese vacío te arrastra a lugares desconocidos en busca de no sabes muy bien qué. Algo que cubra definitivamente ese hueco.
Y dices. No, no estoy preparado... o no lo están ellas, para mi. Y piensas, que entregarte al completo, desnudar tu alma y tu cuerpo no es buena praxis. Y te convences de que mejor dejarse llevar por los instintos... que seguro que separar cuerpo de alma es posible (aunque tan malos resultados te haya dado) y que alimentando tu ego calmas tu alma. Y así, sin mucho convencimiento llegas a la jungla. Y te sientes extraño. Y te encuentras solo, expectante, como en medio de una gran estación llena de gente. Y todos pasan a tu lado sin percibirte ocupados en sus planes, sus conversaciones, sus reflexiones... de vez en cuando alguien (mujer u hombre) se gira al pasar a tu lado y te sonríe, te lanza un beso o incluso golpea tus nalgas.
Y entonces, sin saber muy bien por qué, o quizás por imitar comportamientos, como aprendiz entre maestros, miras hacia arriba. Y aparecen ellas. Y no sales de tu asombro. Como diosas en el Olimpo manejan sus hilos mientras todos los mortales las adivinamos entre las nubes y fantaseamos con algún día llegar a ser los elegidos... por que los hay... o dicen que alguien vio un día a un humano ser elevado hacia el cielo suspendido por un hilo de plata. Y como merinos suspiramos pensando que algún día podemos ser nosotros. Y nos engalanamos. Y nos estrujamos el cerebro para dar con aquella palabra mágica que abra las puertas del cielo. Porque la llave está en el verbo según dicen que alguien oyó en el Para...iso. Aquí no sirven otras habilidades, no sirven otros atributos. O pueden llegar a ser necesarios pero nunca suficientes.
Y nos amigamos como colegas en el rebaño... pero sin dejar de pensar que los demás son unos ingenuos que jamás serán los elegidos. Y nos lanzamos a disputas dialécticas para llamar su atención. E incluso nos enfadamos... y algunos no soportan la presión y abandonan la arena. Y otros no entienden cual es el juego y se mueven entre sus improvisados compañeros como merinos despistados. Y preguntan a uno y a otro para entender qué está pasando. E incluso alguno se apiada de su merino compañero y le señala al cielo. Y él mira hacia arriba con los ojos entornados, con su mano como visera, intentando adivinar que le indican.
Y no puedes entender cómo puedes encontrar dos diamantes en la montaña de fango en la que te has aventurado. Ni puedes entender como pueden mantenerse límpidos, brillantes, radiantes y no ser contaminados por lo que les rodea. Y percibes su brillo, su tacto sedoso (aunque también frío) e incluso percibes el olor a azahar que las envuelve. Y empiezas a entender.... y sabes que nunca serás tu. Que realmente no quieres ser tu. No puedes ser tu. Que tu lugar no está aquí. Que quizás algún día o posiblemente nunca. Que te has topado con la horma de tu zapato. Descubres que tu vida se llena desde dentro, no desde fuera. Que se trata de que rebose para que impregne a otros, no de llenar tus vacíos. Y aún en la decepción esbozas una sonrisa. La sonrisa del que ha percibido, adivinado, como un leve soplo de viento que acaricia tu cabello, que suspira en tus oídos, el significado de la vida.
Y entonces ves que ellas con un soplido despejan de nubes el cielo. Y te muestran que el paraíso no existe. O nunca ha existido. Que no puedes encontrar fuera si tu vacío está dentro.
Me voy... pero un poco más rico, un poco más lleno. Como decía Oliverio en la producción de Subiela, pero, en este caso, no creo que ellas que se queden pobres. O quizás si...

Hasta siempre.
Juan

domingo, 30 de mayo de 2010

Por qué te fuiste pobre dejándome a mi tan rico...

Dedicado a Ana...


No lo entendí. Tampoco voy a buscar explicación. No recordaba lo que era pasar horas y días con una única imagen en mente. El recuerdo permanente de una persona de la que llegas a dudar si realmente ha existido alguna vez. Pero estabas ahí, silente, casi parece que expectante.

Cometí errores. Lo se. Principalmente el error de mostrar debilidad, torpeza, vulnerabilidad... y quizás eso te hizo dudar de mi, de nosotros. Quizás realmente no llegaste a apostar por nada... todo fue demasiado rápido, demasiado frágil.
Me queda una sensación agridulce. Por un lado lamentando lo que pudo haber sido y ya nunca será --el tren sólo pasa una vez y las emociones no pueden dejarse aparcadas en suspenso. Por otro lado con la misma sensación de Olivero al despedirse de Ana:
“Ana me destrozó el corazón pero al herirlo lo creó. Nunca lo entenderías. Mi pobre Ana. Mi querida Ana. Nunca hubiera podido pagarte esto que hiciste en mi. Iluminaste el lado oscuro de mi corazón. Por qué decidiste permanecer pobre dejándome a mi tan rico.”
Resulta irónico que haya esperado tanto para encontrar lo que me hacía vibrar, para luego sentir que lo he dejado escapar. Pero pese a ser a veces extremadamente racional, también creo que todo tiene un sentido. Algo racionalmente ilógico y quizás pueril, pero del mismo modo que otros tienen fe yo tengo esperanza en que los puntos que delimitan la línea de mi vida se vayan uniendo de un forma que obedece a un inexplicable orden o propósito. Inexplicable o incomprensible. Se que esto es una respuesta plausible a los perturbadores problemas de nuestra existencia, pero cada uno busca interiormente sus armas para encontrar el equilibrio que le permita alcanzar sus metas. Estas son las mías.
Ahora se que es posible. Que no tengo que soportar un lado oscuro en mi corazón. Que algún día, quizás cuando ya no lo busque, quizás sin darme cuenta, aparecerá quien sepa iluminarlo, quien quiera iluminarlo y lucharé por conservar la llama encendida.

Adiós y gracias!
Juan