Siempre hay un momento en tu vida en que te sientes tremendamente estúpido (bueno, algunos tenemos varios de esos momentos). Un momento en el que eres consciente de que tus decisiones fueron erróneas. Que no actuaste como debías aunque en su momento te pareció un buena opción. Y crees que fuiste honesto, bondadoso, hasta te enorgullecías de tu decisión. Te regocijabas en tu autocomplaciencia y acariciabas tu ego con desmedida soberbia. Hasta que una voz amiga, a veces tiernamente, pero en la mayoría de los casos con la dureza que mereces, te hace ser consciente de tu error. Y entonces todo se derrumba. Se hace la luz y percibes, con absoluta crudeza, tu tremenda estupidez. Y caes en el abismo, porque debes caer. Porque no hay otra opción. Porque sólo cayendo podrás fijar en tu memoria tu error y todos los que antes le acompañaron. Porque sólo así podrás realmente crecer.
Lo más duro es asumir el precio que tienes que pagar por ello. Que quizás hayas dañado lo que más querías y que quizás el daño pudiera ser irreparable. Y entonces te sientes morir. Y se te rompe el corazón. Y quisieras detener el tiempo y poder cambiar el pasado. Pero no es posible. Y rompes a llorar de tristeza y de rabia. Y sientes tanto miedo que no puedes apenas moverte, apenas pensar. Y de repente todos tus miedos se presentan ante ti como en procesión, emocionados de salir de aquel escondite que tan afanosamente te procuraste en buscarles. Y en perfecta armonía golpean tu moral con una rabia desmedida, cuidándose de hacerse visibles para compensar todo lo que tu quisiste hacerles invisibles. Y ves que los muy cabrones han hasta procreado, que han aprovechado todo ese tiempo en una desagradable bacanal que te sorprende con nuevos retoños mal paridos, que con su infantil impertinencia te machacan sin ningún tipo de pudor.
Y crees que sólo tienes una opción: asumir el error y seguir adelante. Intentar demostrarte a ti mismo que sabrás actuar mejor la siguiente vez. Porque habrá otra vez. La vida te volverá a poner en una situación similar y tendrás que elegir tus decisiones.
Pero realmente aprendes algo mucho más importante y que, aunque te has negado a admitirlo, sabías desde un principio. Que no existe el escondite perfecto para tus miedos. Que tienes que enfrentarte a ellos y vencerlos. Sólo así serás libre. Sólo así serás pleno.
Hoy no puedes. Te han golpeado muy fuerte y han agotado tus fuerzas. Mañana debes recuperar tu energía y debes comenzar tu lucha. Fijarás tus objetivos con una medida estrategia y emplearás tus armas con la adecuada táctica. Lucharás uno a uno contra ellos. Olvidarás la soberbia del general que menosprecia la fuerza de su enemigo. Recordarás a Sun Tzu y aplicarás sus sabios consejos.
Ahora descansa. Mañana comenzará tu batalla.
lunes, 4 de octubre de 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
Caída
De repente ves que caes. Sabes que está ocurriendo y puedes intentar detenerlo, pero hoy has decidido no hacerlo. Te sientes un completo imbecil y sabes que no es así, pero el vacío te arrastra y cubre de sensaciones depresivas. Ahora te sientas e intentas escribir sin saber muy bien que saldrá, aunque no se augura nada bueno. E intentas llorar. Quizás eso te desahogue. Pero apenas consigues que una lagrima se estrelle contra tu maltrecho teclado. Y observas como se pierde entre las teclas. Y tu preciado prisma de ver el mundo se empaña. Y, de repente, todo oscurece. Y la noche y el silencio te envuelven. Y aunque ese silencio te trae sosiego aun no es capaz de detener tu caída. Y abres la ventana para sentir la brisa fresca de la noche que ya anuncia el final del verano. Y filtras en tu cerebro otros ruidos cotidianos para centrarte en el sonido de los arboles al ser mecidos por el viento. Y eso te devuelve un poco a tu ansiado equilibrio. Parece que al menos detiene tu caída. Y poco a poco tus ojos pierden su oscuro brillo y albergas una leve esperanza. Y te gustaría tener cerca una mano amiga que te acaricie sin juzgarte. Que te acompañe incondicionalmente. Sólo un momento. Sabes que después saldarás tu deuda generosamente y que además lo harás gustosamente... Pero sólo encuentras el vacío, el silencio, la leve brisa y el sonido de los arboles mecidos por el viento.
sábado, 7 de agosto de 2010
Ocurrió
Lo que tenía que ser fue. Ya ha nacido "Sencillamente Blanco", mi nuevo blog. No se si finalmente mantendré ambos blogs (no se si habrá tiempo para tanto), pero el propósito inicial es que la melancolía y sus compañeros se queden en el primero y toda visión positiva de mi mundo, vaya al nuevo. Como decía en otro post, siempre he sido más creativo en la melancolía (aunque no sea mi estado natural) por razones obvias: la melancolía incita a la introspección y en esta soledad me es fácil escribir. Mis momentos alegres los disfruto, sólo o en compañía, de otro modo.
Aquí está el enlace:
SENCILLAMENTE BLANCO
Espero sentiros en mi lado "claro" a todos los que me habéis sufrido o disfrutado en mi lado "oscuro".
Bsos
Juan
Aquí está el enlace:
SENCILLAMENTE BLANCO
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